Azul cielo, blanquecina espora que cae por entre los rayos, soñando una noche sin límites, resurgiendo luego en increible alborada
Se estremecen las oscuras cuevas con el fuego sanguíneo de las madrugadas silenciosas
Las columnas tiemblan, se quiebran, se abren cautas, derrumbándose ante el violento grito
que surge de las profundidades
Arde la ciudad. Los edificios caen pesados, estrepitosamente humeantes
Emergen sobre la extensa superficie llana de la mar onduladas olas que crecen y se elevan
y de pronto desaparecen en gigantescas cataratas
Los montes se levantan y erigen en su cumbre un monolito pétreo, todo un símbolo.
Duermen los espejos verdes, ciegos, bajo una cortina negra
La luna ríe, la luna llora y se refleja orgullosa sobre el espejo verde en la aurora
Azul cielo, pétalo rojo abierto a la luz del alba que se eriza en vibrante escalofriante la frescura del rocío de la mañana
La yerba entredorada en el amanecer soñado humo blanquecino exhala,
De la noche fría aterida surge la yerba negra, oscura convertida, cuando la luna rie .
Una espada cae al abismo entre brumas escondido, desconocido, profundo
Arde el bosque. Las chispas encendieron el fuego rojo
El sol va muriendo y la sangre riega las praderas verdes
Mientras tanto las avispas gigantescas picotean el agua de las charcas y penetran en las profundas simas donde el rio fluye y oculto mece el cristal de agua, que en un hilo cae transparente
La sima sin sueño acoge oscura los efluvios de la noche sin límites
Abiertas las heridas, abierto el corazón que palpita sin cesar, la sangre no encuentra cauce por donde correr y en catarata se estrella contra las rocas
El sol ha muerto, la oscuridad de nuevo
La sima sin sueño acoge en su seno el último rayo de luz
Las nubes enturbian los espejos verdes haciendo llorar a la luna y las amapolas marchitas desaparecen
Azul cielo, blanquecina espora que vuela libre por el espacio infinito, perdiéndose en ese abismo neblinoso, onírico, hermoso del sueño, de la imaginación de...
Imagenes
Pamplona. Octubre 1982
viernes, 13 de diciembre de 2019
domingo, 8 de diciembre de 2019
Deja que el tiempo pase
Deja que los días huyan
que las hojas del calendario se las lleve el viento
como esas del otoño amarillento
volando por el espacio
de lo que es y no puedo tocarlo
de lo que vivo y sin embargo no veo
de todo aquello a lo que me dirijo y deseo.
Deja que los años transcurran
que las imagenes del pasado
en el foso de los recuerdos dormiten
como esos fantasmas de los sueños
que vienen y que van
escribiendo en mi mente un extraño e irreal cuento
Deja que tu vida pase
que el tiempo queme
esas horas
esos días
esos años
tantos momentos que hubieras querido apresar para siempre
pero que huyeron para nunca regresar.
Dejalo, ya que es imposible detener la acelerada marcha
de lo que existe, envejece y muere
ya que es imposible hacer algo para que no ocurra
¿Sonries?.
Conformismo ante la fatal evidencia de lo que somos
Si. No digas deja
di toma, vive, coge
no sea que volviendo la vista atrás no veas nada
De tan estoica manera de existir
suele quedar el vacio y la inutilidad de lo que desconocemos:
el rumbo de nuestra propia vida.
Pamplona. Septiembre 1983
que las hojas del calendario se las lleve el viento
como esas del otoño amarillento
volando por el espacio
de lo que es y no puedo tocarlo
de lo que vivo y sin embargo no veo
de todo aquello a lo que me dirijo y deseo.
Deja que los años transcurran
que las imagenes del pasado
en el foso de los recuerdos dormiten
como esos fantasmas de los sueños
que vienen y que van
escribiendo en mi mente un extraño e irreal cuento
Deja que tu vida pase
que el tiempo queme
esas horas
esos días
esos años
tantos momentos que hubieras querido apresar para siempre
pero que huyeron para nunca regresar.
Dejalo, ya que es imposible detener la acelerada marcha
de lo que existe, envejece y muere
ya que es imposible hacer algo para que no ocurra
¿Sonries?.
Conformismo ante la fatal evidencia de lo que somos
Si. No digas deja
di toma, vive, coge
no sea que volviendo la vista atrás no veas nada
De tan estoica manera de existir
suele quedar el vacio y la inutilidad de lo que desconocemos:
el rumbo de nuestra propia vida.
Pamplona. Septiembre 1983
viernes, 6 de diciembre de 2019
Silencio en la noche
Había llegado a aquella mansión pocos antes del 1 de noviembre, en los sombríos días del mes de octubre. La aureola de leyendas que escondía aquel lóbrego y apartado lugar, unido a un cierto deseo de descanso y meditación me había llevado a tomar aquella decisión. No oculto que una cierta morbosidad inherente a mi extraño carácter había sido el detonante para que abandonara, sin pensarlo mucho, las comodidades y lujos de la ciudad, su mundanal ruido y el monótono quehacer diario.
La mansión, al verla, me pareció sólidamente construida. Debía ser de finales del siglo XVIII, pues guardaba algunas reminiscencias clásicas, sobre todo en el portal de entrada, flanqueado por sendas columnas de inspiración jónica. Las ventanas eran grandes. El interior del edificio estaba sobriamente decorado por algunos escasos muebles. Se respiraba una atmósfera de recogimiento, que desprendían tanto aquella mole de piedra como sus taciturnos y escasos habitantes, con los cuales apenas hable: el dueño, un viejo y solitario aristócrata venido a menos y su criado. El anciano había accedido, por consejo de algunos amigos, a convertir su mansión en una especie de residencia para quien deseara encontrar un lugar de descanso por una pequeña temporada. Tal fue mi caso. Así pues yo me encontraba allí en calidad de huésped. Y en estos días otoñales yo era el único huésped de la lóbrega mansión, o al menos eso creía.
Había llegado al caer la tarde de un grisáceo día. Apenas cené y temprano me retiré a mi habitación. Más el sueño inexplicablemente no me llegaba y el tiempo transcurría lenta, muy lentamente. Por más que quería tranquilizar mi espíritu, el temor a algo desconocido se acrecentaba y creía oir vagos sonidos, como de pisadas, ora en el piso de arriba, ora en el de abajo; o de pronto el silencio de la noche, afuera, quebrado por el pisar de alguien sobre la hojarasca. Quería pensar que lo que sentía en aquellos momentos era fruto del ambiente de aquella casa, pero mis esfuerzos por tranquilizarme eran inútiles. En la oscura tiniebla de mi habitación aplicaba cada uno de mis sentidos, como queriendo corroborar la inexistencia de motivos de preocupación, pero cuando a punto estaba de convencerme volvían los sonidos, las voces, murmullos o el mismo silencio, todavía más mortificante si cabe. Mi corazón latía con violencia, por momentos. Y el silencio estaba lleno de extraños rumores. Tembloroso me incorporé sobre el lecho y me asomé por entre la cortinilla de la ventana. Oscuridad profunda en la medianoche.
Con suavidad abrí la ventana y el chirrido de los goznes se escapó suavemente, debido tal vez a su poco uso como la mayoría de las cosas que había en aquella casa. Un halo de aire frio golpeó de improviso mi cara. Atisbé una luna roja entre los arboles y un fugaz resplandor. Luego nada, silencio de otoño en las hojas secas, caídas. Más tranquilo cerré la ventana, Me quedé inmóvil durante un rato cuando comenzaron a sonar, allá en la lejanía, en el campanario de la iglesia del pueblo, las doce de la noche, doce campanadas lentas, sordas...Y entre ellas, de nuevo, el vago y confuso sonido de la noche de difuntos. Terribles leyendas corrían por estos lugares a propósito de este día. De pronto, en mi enfebrecida mente surgió la idea de leer algún libro, ya que de lo contrario, iba a ser difícil que pudiera conciliar el sueño. Y así, con paso no muy firme, me encaminé hacia la biblioteca, con el corazón encogido por el miedo. Un sudor frio recorría mi frente. La mansión dormía en el más sepulcral de los silencios. De nuevo, en mis aposentos, bajo la temblorosa luz de una vela, sentado sobre el lecho, comencé a leer, entre nervioso y y preocupado las páginas de aquel libro amarillento por el paso del tiempo. Sin darme cuenta, mis ojos se cerraron y entré en un profundo sueño. Las horas habían pasado lánguidas, pesadas, lentas en la noche.
Por fin las primeras luces del alba comenzaron a alumbrar la oscura estancia e hicieron que me despertase. Abrí los ojos. El temor había desaparecido. La noche había felizmente pasado...o tal vez no?. El silencio inquietante, entre los rayos de la aurora, me hizo recordar, de nuevo, los temores de la pasada noche. Un silencio que sin embargo, ahora, era roto monótonamente por un pausado gotear. Cloc, Cloc, Cloc...Instintivamente alcé los ojos al techo: un gota oscura se filtraba entre las rendijas de los pesados y largos tablones. Mi corazón volvió a acelerar su pulso. Un terrorífico presentimiento había inmovilizado mis músculos. A pesar de ello, me incorporé sobre el lecho y me aproximé hacia el lugar, a los pies de mi cama. Un sudor frio, helado me recorrió el cuerpo, mis ojos se abrieron desmesuradamente. Sobre el suelo se estaba formando un charco de sangre. Algo terrible había debido pasar aquella noche, pensé. Mi cabeza daba vueltas y más vueltas. Todo giraba a mi alrededor e insistentemente veía dibujadas en sangre las palabras MUERTE. Un golpe seco. De nuevo el silencio. Oscuridad total. Todo había acabado. Silencio en la noche.
Pamplona. 1982
Por fin las primeras luces del alba comenzaron a alumbrar la oscura estancia e hicieron que me despertase. Abrí los ojos. El temor había desaparecido. La noche había felizmente pasado...o tal vez no?. El silencio inquietante, entre los rayos de la aurora, me hizo recordar, de nuevo, los temores de la pasada noche. Un silencio que sin embargo, ahora, era roto monótonamente por un pausado gotear. Cloc, Cloc, Cloc...Instintivamente alcé los ojos al techo: un gota oscura se filtraba entre las rendijas de los pesados y largos tablones. Mi corazón volvió a acelerar su pulso. Un terrorífico presentimiento había inmovilizado mis músculos. A pesar de ello, me incorporé sobre el lecho y me aproximé hacia el lugar, a los pies de mi cama. Un sudor frio, helado me recorrió el cuerpo, mis ojos se abrieron desmesuradamente. Sobre el suelo se estaba formando un charco de sangre. Algo terrible había debido pasar aquella noche, pensé. Mi cabeza daba vueltas y más vueltas. Todo giraba a mi alrededor e insistentemente veía dibujadas en sangre las palabras MUERTE. Un golpe seco. De nuevo el silencio. Oscuridad total. Todo había acabado. Silencio en la noche.
Pamplona. 1982
miércoles, 4 de diciembre de 2019
Cuando ya nada se espera
El tiempo marcó sus huellas en los profundos surcos de su cara,
surcos de cansancio,
de dolor,
de frustración,
de engaño,
de trabajo.
El tiempo hizo de sus negros cabellos
sedosos hilos de plata.
Las cuencas de los ojos hundidas,
el andar pausado,
la mirada triste
Se sentó en un banco de la solitaria plaza
rumiando su soledad
observando con infinita angustia
cada persona
cada árbol
cada edificio
Y pasó largo tiempo...
Y el viejecito seguía sentado en el banco amarillo
de la cada vez más solitaria plaza
Y comenzó a llover
Y el anciano no se movía
Hacía frio
Ya nadie pasaba
La noche llegó oscura
a la solitaria plaza
Noche de largo viento en la plaza vacía.
Al día siguiente alguien deparó en aquel anquilosado ser
y comprobó que el frio glacial de la muerte le había sorprendido la mañana anterior.
Rígido se mantuvo, como sentado
relegado con indiferencia en su lenta y silenciosa agonía
Soledad en el último tramo del camino.
La vejez nos sorprende
arrancando nuestra ilusión,
nuestra fuerza juvenil, física y mental
nuestro idealismo,
Todo
Retornando a la dependencia de la infancia,
convertidos en un estorbo inservible para la familia
en un ser improductivo
en una carga para la sociedad.
Hombres que han trabajado,
que han dado toda su vida para esa familia
que han construido en parte el bienestar de esa sociedad
reciben como recompensa la soledad y el desprecio: ¡¡¡Viejo!!!
El pobre anciano comprueba con increíble tristeza como, sin darse cuenta,
se le ha escapado el tiempo de las manos
Su mundo, su único mundo es el de los recuerdos
recuerdos que comparte con los amigos de su edad
recuerdos que glorifica, que añora
a los que cubre de una especial nostalgia.
Es lo único que posee, lo único que no le pueden arrebatar.
Alguno rumiara solo, como el viejecito descrito,
con la mirada perdida en no se sabe donde,
esos recuerdos
esa agonía de aquellos que como él saben que no tienen futuro
esperando con temor ese momento trágico.
Temor a enfrentarse con la nada
teniendo esa misma nada detrás, en tu propia vida.
Trágico ser:
Nace, vive sin saber porque y para qué
y sin saber vivir le llega la muerte demasiado pronto
como para darse cuenta de su inevitable pérdida de tiempo.
Crueles e imbéciles los que hoy marginan a nuestros mayores.
No saben que mañana serán ellos los rechazados, los olvidados
Pamplona. 1983
surcos de cansancio,
de dolor,
de frustración,
de engaño,
de trabajo.
El tiempo hizo de sus negros cabellos
sedosos hilos de plata.
Las cuencas de los ojos hundidas,
el andar pausado,
la mirada triste
Se sentó en un banco de la solitaria plaza
rumiando su soledad
observando con infinita angustia
cada persona
cada árbol
cada edificio
Y pasó largo tiempo...
Y el viejecito seguía sentado en el banco amarillo
de la cada vez más solitaria plaza
Y comenzó a llover
Y el anciano no se movía
Hacía frio
Ya nadie pasaba
La noche llegó oscura
a la solitaria plaza
Noche de largo viento en la plaza vacía.
Al día siguiente alguien deparó en aquel anquilosado ser
y comprobó que el frio glacial de la muerte le había sorprendido la mañana anterior.
Rígido se mantuvo, como sentado
relegado con indiferencia en su lenta y silenciosa agonía
Soledad en el último tramo del camino.
La vejez nos sorprende
arrancando nuestra ilusión,
nuestra fuerza juvenil, física y mental
nuestro idealismo,
Todo
Retornando a la dependencia de la infancia,
convertidos en un estorbo inservible para la familia
en un ser improductivo
en una carga para la sociedad.
Hombres que han trabajado,
que han dado toda su vida para esa familia
que han construido en parte el bienestar de esa sociedad
reciben como recompensa la soledad y el desprecio: ¡¡¡Viejo!!!
El pobre anciano comprueba con increíble tristeza como, sin darse cuenta,
se le ha escapado el tiempo de las manos
Su mundo, su único mundo es el de los recuerdos
recuerdos que comparte con los amigos de su edad
recuerdos que glorifica, que añora
a los que cubre de una especial nostalgia.
Es lo único que posee, lo único que no le pueden arrebatar.
Alguno rumiara solo, como el viejecito descrito,
con la mirada perdida en no se sabe donde,
esos recuerdos
esa agonía de aquellos que como él saben que no tienen futuro
esperando con temor ese momento trágico.
Temor a enfrentarse con la nada
teniendo esa misma nada detrás, en tu propia vida.
Trágico ser:
Nace, vive sin saber porque y para qué
y sin saber vivir le llega la muerte demasiado pronto
como para darse cuenta de su inevitable pérdida de tiempo.
Crueles e imbéciles los que hoy marginan a nuestros mayores.
No saben que mañana serán ellos los rechazados, los olvidados
Pamplona. 1983
jueves, 28 de noviembre de 2019
El espantapajaros
Andrajoso, quieto, callado...junto al camino te observé un día...
Me saludabas con tu silueta silenciosa y ese gesto de crucificado.
Sobre los campos florecidos de espigas sobresalía tu alargada figura.
Un día, alguien te puso una escoba en la mano...como queriendo incrementar tu dormida naturaleza de madera y trapo.
Te miraba todos los días y alguna vez creí ver como te movías y desaparecías entre aquel mar amarillo,
cansado de tu eterna vigilancia,
huyendo del sol implacable y la lluvia,
de las pedradas de los chicos,
de la mofa de aquellos a los cuales debías ahuyentar.
Los pájaros no volaban asustados;
se acercaban hasta tí
y se posaban burlones sobre tu sombrero de paja,
picoteándole con cruel avidez, hasta dejarlo medio agujereado, lleno de calvas y huecos;
Otras veces encima de tus brazos estirados
descansaban tranquilos, bajo la sombra que tu figura les daba
y luego se lanzaban sobre los campos amarillos para llenar sus buches.
El sol declinaba en el atardecer
y tu quedabas solo, recortándose tu negra silueta en el horizonte blanco rojizo.
El tiempo fue pasando
y los trapos envejecieron
y la escoba desapareció
y el sombrero sólo era una grotesca apariencia de lo que fue (como tú).
Los pájaros del anochecer anidaban en tus entrañas
y picoteaban ahora en lo que un día les asustó
luego les causó curiosidad
y al que más tarde se acostumbraron.
Tus ojos negros, cuencas vacíos sin fondo (amarillo calavera)
no lloraron, porque sobre tus pupilas
yacía el cadáver de un pajarillo atrapado.
Un día de verano te quise mirar desde el borde del camino
y no te encontré.
Me quedé mirando un rato por si, como ayer, habías huido
pero el vacío había ocupado tu lugar.
Caminé hacia un calvero, entre el mar amarillo
y allá yacían tus restos.
Una bandada de pájaros elevó su vuelo, sobre el cielo azul brillante,
perdiéndose en el horizonte.
Un mueca de horror se dibujó en mi rostro;
Sobre el suelo aparecía el cadáver de un hombre carcomido,
picoteado hasta la desesperación.
Corrí lejos, muy lejos
mientras una palabra recorría mi mente
¡Dios mío! EL ESPANTAPAJAROS
Pamplona, agosto de 1984
Me saludabas con tu silueta silenciosa y ese gesto de crucificado.
Sobre los campos florecidos de espigas sobresalía tu alargada figura.
Un día, alguien te puso una escoba en la mano...como queriendo incrementar tu dormida naturaleza de madera y trapo.
Te miraba todos los días y alguna vez creí ver como te movías y desaparecías entre aquel mar amarillo,
cansado de tu eterna vigilancia,
huyendo del sol implacable y la lluvia,
de las pedradas de los chicos,
de la mofa de aquellos a los cuales debías ahuyentar.
Los pájaros no volaban asustados;
se acercaban hasta tí
y se posaban burlones sobre tu sombrero de paja,
picoteándole con cruel avidez, hasta dejarlo medio agujereado, lleno de calvas y huecos;
Otras veces encima de tus brazos estirados
descansaban tranquilos, bajo la sombra que tu figura les daba
y luego se lanzaban sobre los campos amarillos para llenar sus buches.
El sol declinaba en el atardecer
y tu quedabas solo, recortándose tu negra silueta en el horizonte blanco rojizo.
El tiempo fue pasando
y los trapos envejecieron
y la escoba desapareció
y el sombrero sólo era una grotesca apariencia de lo que fue (como tú).
Los pájaros del anochecer anidaban en tus entrañas
y picoteaban ahora en lo que un día les asustó
luego les causó curiosidad
y al que más tarde se acostumbraron.
Tus ojos negros, cuencas vacíos sin fondo (amarillo calavera)
no lloraron, porque sobre tus pupilas
yacía el cadáver de un pajarillo atrapado.
Un día de verano te quise mirar desde el borde del camino
y no te encontré.
Me quedé mirando un rato por si, como ayer, habías huido
pero el vacío había ocupado tu lugar.
Caminé hacia un calvero, entre el mar amarillo
y allá yacían tus restos.
Una bandada de pájaros elevó su vuelo, sobre el cielo azul brillante,
perdiéndose en el horizonte.
Un mueca de horror se dibujó en mi rostro;
Sobre el suelo aparecía el cadáver de un hombre carcomido,
picoteado hasta la desesperación.
Corrí lejos, muy lejos
mientras una palabra recorría mi mente
¡Dios mío! EL ESPANTAPAJAROS
Pamplona, agosto de 1984
miércoles, 1 de mayo de 2019
Soñé la noche
Soñé que la noche
crecía como niebla
sobre mis cansados parpados
y en la oscuridad temida
reviví los recuerdos añorados.
Sentí que tus ojos me miraban
y tu cuerpo era una sombra indefinida,
una grisacea pincelada
de duda temblorosa
que erizaba los cabellos yertos
de los muertos.
De la noche escapé,
entre visillos negros
para visitar aquella lugubre morada
donde la luna fue sol
y la piel quemada,
donde vinimoslos instantes idilicos
de una existencia atormentada.
No encontré el lugar
no encontré la casa.
Pregunté al vacio,
me contestó: Nada.
Desperté en la noche,
me encontré muriendo,
no existió tu sombra
ni ningún momento
que soñar pudiera
pues estaba muerto.
Pamplona. 1986
crecía como niebla
sobre mis cansados parpados
y en la oscuridad temida
reviví los recuerdos añorados.
Sentí que tus ojos me miraban
y tu cuerpo era una sombra indefinida,
una grisacea pincelada
de duda temblorosa
que erizaba los cabellos yertos
de los muertos.
De la noche escapé,
entre visillos negros
para visitar aquella lugubre morada
donde la luna fue sol
y la piel quemada,
donde vinimoslos instantes idilicos
de una existencia atormentada.
No encontré el lugar
no encontré la casa.
Pregunté al vacio,
me contestó: Nada.
Desperté en la noche,
me encontré muriendo,
no existió tu sombra
ni ningún momento
que soñar pudiera
pues estaba muerto.
Pamplona. 1986
Al final de la jornada estupida
Al final de la jornada estupida
de vacios, errores,
al final de la indefinible nada
al final de aquel intento inútil
que es ser feliz,
se encuentra siempre
el conocido rostro de la resignación
o la caida en la batalla
entre tu y el otro...que sois
lo mismo, la misma cara.
Combate inútil de frustración y esperanza
Pamplona. 1986
de vacios, errores,
al final de la indefinible nada
al final de aquel intento inútil
que es ser feliz,
se encuentra siempre
el conocido rostro de la resignación
o la caida en la batalla
entre tu y el otro...que sois
lo mismo, la misma cara.
Combate inútil de frustración y esperanza
Pamplona. 1986
Amanecer en la escarcha
Como si no supiera
lo que dice tu cara...
Miras a los ojos
mientras callan las palabras
y los cuerpos duermen
uno junto al otro
entre la armoniosa calma;
ellos hablarían
si el negro velo que nos ata
cayera al suelo
sin mentiras ni amenazas.
Una voz muerta...
una mirada
una insinuación lenta
una respuesta rápida,
una mano gélida
que cruje como un cuchillo
rasgando la seda cálida.
Piel desnuda
que anhela una caricia...
Suspira la madrugada
Cristal azul de los ojos
bajo la boveda clara
Refugio de los sonidos
que gimen en la mañana
susurran con los silencios
rotos de la luna pálida.
Sentí tus soles dormidos
amanecer en la escarcha,
quebrarse entre mis manos
el fuego de tus entrañas,
como el rayo azul y humedo
en el primer claro del alba.
Los labios rojos, heridos,
se abrían en la alborada.
Un silencio de estrellas
brillaba como luciernagas.
Del espejo profundo,
reflejo de luz callada,
brota cristal amargo,
recuerdo de la mar blanca
soñando entre las olas
fantasía de niña
corazón de amada
un naufragio deseado
de dos cuerpos y dos almas.
Cristal, lagrima de alegría,
rocio de madrugada,
lluvia negra, tormentosa,
barro, cieno de las charcas
desborda tus emociones
llanto de impotencia y rabia.
Olvidas que las noches
son muy cortas,
son muy rápidas.
Una voz muerta,
un reproche mudo,
un adios desconocido,
una mañana...
Encierras tus pensamientos
en carcel de pura farsa,
jaula de deseos soñados
sumidos en el olvido,
en la herrumbrosa patraña
de miedos y acusaciones:
Moral burguesa y cristiana
que castra las emociones
y condena la esperanza
de soñar despìerto
sintiendo cada poro,
cada instante,
cada beso.
Como si no supiera lo que dice tu cara...
No bajes los ojos,
mira con la frente alta...
Siente, vive
como humana
los placeres de la vida
que ayer es tarde
y hoy un instante sólo
No esperes a mañana.
"De deseos reprimidos están los manicomios llenos"
Pamplona 1986
lo que dice tu cara...
Miras a los ojos
mientras callan las palabras
y los cuerpos duermen
uno junto al otro
entre la armoniosa calma;
ellos hablarían
si el negro velo que nos ata
cayera al suelo
sin mentiras ni amenazas.
Una voz muerta...
una mirada
una insinuación lenta
una respuesta rápida,
una mano gélida
que cruje como un cuchillo
rasgando la seda cálida.
Piel desnuda
que anhela una caricia...
Suspira la madrugada
Cristal azul de los ojos
bajo la boveda clara
Refugio de los sonidos
que gimen en la mañana
susurran con los silencios
rotos de la luna pálida.
Sentí tus soles dormidos
amanecer en la escarcha,
quebrarse entre mis manos
el fuego de tus entrañas,
como el rayo azul y humedo
en el primer claro del alba.
Los labios rojos, heridos,
se abrían en la alborada.
Un silencio de estrellas
brillaba como luciernagas.
Del espejo profundo,
reflejo de luz callada,
brota cristal amargo,
recuerdo de la mar blanca
soñando entre las olas
fantasía de niña
corazón de amada
un naufragio deseado
de dos cuerpos y dos almas.
Cristal, lagrima de alegría,
rocio de madrugada,
lluvia negra, tormentosa,
barro, cieno de las charcas
desborda tus emociones
llanto de impotencia y rabia.
Olvidas que las noches
son muy cortas,
son muy rápidas.
Una voz muerta,
un reproche mudo,
un adios desconocido,
una mañana...
Encierras tus pensamientos
en carcel de pura farsa,
jaula de deseos soñados
sumidos en el olvido,
en la herrumbrosa patraña
de miedos y acusaciones:
Moral burguesa y cristiana
que castra las emociones
y condena la esperanza
de soñar despìerto
sintiendo cada poro,
cada instante,
cada beso.
Como si no supiera lo que dice tu cara...
No bajes los ojos,
mira con la frente alta...
Siente, vive
como humana
los placeres de la vida
que ayer es tarde
y hoy un instante sólo
No esperes a mañana.
"De deseos reprimidos están los manicomios llenos"
Pamplona 1986
El reflejo de la luna
A la orilla de un rio
de cenagosas aguas
descubrí su palida figura.
Se recortaba sobre los arboles
como una sombra de plata
como un reflejo de luna.
Temblaban los oscuros pliegues de su ropa
en la noche sombría
mientras el lecho callado
en olas de espuma se derretía.
Me acerqué al pasado remoto
como el niño se acerca a la cuna
o el anciano a la fria tumba.
Temblaba...
Mi recuerdo, su sombra, mi vida.
Llegué a la orilla del rio
y el silencio me sorprendió...
La luna no se miraba ya en la oscura corriente
y el reflejo de la sombra me hizo descubrir
donde se ocultaba aquella palida figura...
Pamplona. 1986
de cenagosas aguas
descubrí su palida figura.
Se recortaba sobre los arboles
como una sombra de plata
como un reflejo de luna.
Temblaban los oscuros pliegues de su ropa
en la noche sombría
mientras el lecho callado
en olas de espuma se derretía.
Me acerqué al pasado remoto
como el niño se acerca a la cuna
o el anciano a la fria tumba.
Temblaba...
Mi recuerdo, su sombra, mi vida.
Llegué a la orilla del rio
y el silencio me sorprendió...
La luna no se miraba ya en la oscura corriente
y el reflejo de la sombra me hizo descubrir
donde se ocultaba aquella palida figura...
Pamplona. 1986
Soñar
¿Vives?
Dormito a veces
Y cuando no lo hago...sueño que muero
Anoche soñé que la vida era un sueño
más, al despertar esta mañana
he comprobado con horror
que había comenzado la pesadilla
Pamplona. 1986
Dormito a veces
Y cuando no lo hago...sueño que muero
Anoche soñé que la vida era un sueño
más, al despertar esta mañana
he comprobado con horror
que había comenzado la pesadilla
Pamplona. 1986
No quise...
No quise mirar al cielo...tan yermo
No quise llorar
los ojos muy quietos
clavados, sin sombra de vida
estaban abiertos
ventanas vacias con cristales negros
La flor de sus labios entre huesos huecos
Su pelo
Sus ojos castaños
Invierno
No quise mirar al suelo
por miedo
Recuerdo cansado su hermosa mirada
aquel fuego eterno
de noches sin sombras
susurros sin ecos
No quise llorar
no pude ya hacerlo
Ni vivo, ni muero
ni sufro dolor
Padezco agonía
en aqueste infierno
de angustia
de ansia
de dolor de muerto
Palabras, palabras
susurros y ecos
Recuerdos
¿Recuerdas?
Contestas...Recuerdo
Pamplona 1986
No quise llorar
los ojos muy quietos
clavados, sin sombra de vida
estaban abiertos
ventanas vacias con cristales negros
La flor de sus labios entre huesos huecos
Su pelo
Sus ojos castaños
Invierno
No quise mirar al suelo
por miedo
Recuerdo cansado su hermosa mirada
aquel fuego eterno
de noches sin sombras
susurros sin ecos
No quise llorar
no pude ya hacerlo
Ni vivo, ni muero
ni sufro dolor
Padezco agonía
en aqueste infierno
de angustia
de ansia
de dolor de muerto
Palabras, palabras
susurros y ecos
Recuerdos
¿Recuerdas?
Contestas...Recuerdo
Pamplona 1986
miércoles, 10 de abril de 2019
Presentación
Este blog personal empezó con otro nombre: se llamaba "La sombra tras la ventana". Lo abrí allá por abril de 2012. Fue el primero de mis blogs pero la creación de otros, alguno de ellos con gran acogida, hicieron que éste quedase prácticamente hibernado durante estos años. Allí volqué algunos materiales escritos entre 1981 y 1990, fundamentalmente relatos, poemas y prosa poética, cuando apenas tenía 17 o 18 años y tenían, tienen para mi el encanto de los recuerdos y la ingenuidad de la edad. Muchos contienen elementos fantásticos. Algunos son autobiográficos. El romanticismo más arrebatador, también en lo literario, la atracción por lo oscuro, extraño, melancólico, fantástico o sobrenatural ha sido una constante desde mi más temprana edad. Ahora me he planteado resucitar ese proyecto bajo el nombre de "Sombras tras los visillos" y ampliarlo con nuevos materiales de producción propia. Se llama "Sombras tras los visillos", si, como esas ventanas de los pueblos cuyos visillos se entornan cuando pasa un forastero, y donde a menudo tienes que imaginar quien está al otro lado.
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