con penoso esfuerzo pasan los días
y después que estos se pierden en el recuerdo,
¡que breves me parecen!.
La luz de la bombilla fúlgida
brilla como una estrella
que me quema las pupilas.
La voz de alguien que por la radio habla
me suena hueca, grave, fría.
La habitación duerme
atravesada por un gélido halo que me estremece.
Todo está tan quieto.
¿Existo?
Si,
la tinta corre por la pluma
y emborrona las cuartillas pero...
no, no es suficiente,
es necesario algo más.
Estoy aquí,
frías las manos,
la mente turbia, gris.
En mis oídos bulle un monótono canto,
es la música de la vida,
como una vulgar opereta.
Silencio, deseo.
Me siento: mi corazón late.
Pienso: No, no es suficiente
La vida dormita en esas montañas de mi infancia,
en esas largas avenidas asfaltadas,
en esos libros un día leídos,
hoy olvidados entre el polvo y la palidez de sus páginas amarillentas,
en esas habitaciones vacías, llenas de soledad,
en esos largos pasillos,
en esas tardes heladas,
en esos rostros,
en sus miradas,
en esos recuerdos
Las ventanas de las casas cerradas están...
pero a través de los cristales miran oscuras sombras
que brillan reflejadas en la superficie pulida y transparente,
iluminadas por la palidez cetrina de sus rostros.
Fantasía
Gotean pesada,
regularmente, los grifos,
como otra muestra del paso del tiempo.
Tic, tac, cloc, cloc
como si ese lento caer de la gota
se hubiera transformado en otra extraña forma de medir nuestra vida.
El grifo está roto. El agua seguirá cayendo. El tiempo...
Relámpago ciego
como culebra brillante que retorcida te estrellas
y conviertes en erial la tierra
y sin dejar rastro marchas.
Símbolo imposible:
luna,
sol,
atardecer,
soledad,
I...
palabras,
sensaciones,
ilusión,
esperanza-
Quien?,
Cuando?,
Dónde?,
Cómo?.
Demasiadas preguntas...
La vida sigue muriendo inexorable.
No, no es suficiente esperar.
Vivir nunca es suficiente.
No he encontrado todavía la respuesta.
La búsqueda es larga, difícil.
Las avenidas silenciosas me acogen
bajo la penumbra rojizo amarilla de una noche fría,
de un otoño lluvioso.
No se adonde voy.
Destino incierto.
Estoy aquí:
la mente oscurecida por la sombra gigantesca
de mi figura reflejada en la pared,
iluminado el rostro por esa bombilla fúlgida que me quema las pupilas.
Estoy cansado.
Los parpados se cierran
y el sueño cubre con un espeso velo todos mis pensamientos.
La tinta ha dejado de correr...
Silencio.
Pamplona. Octubre 1982

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