lunes, 20 de abril de 2026

Bosque Mitago. Robert Holdstock

La novela sigue a Steven Huxley, un joven herido que regresa a la casa familiar, en los campos de Gloucester, tras la Segunda Guerra Mundial. Allí descubre los diarios de su padre, George, obsesionado hasta la locura con un bosque habitado por criaturas míticas y fantásticas, y reanuda una tensa relación con su hermano Christian, que ha heredado esa misma obsesión. Esas criaturas son conocidas como «mitagos», personajes de los antiguos mitos creados por la imaginación popular y a los que el bosque da vida: Robin Hood, el rey Arturo, leyendas que abarcan desde la Edad de Piedra hasta nuestros días...

Christian desaparece en el bosque, y Steven saldrá en su búsqueda. Cuando se adentra en la espesura, Steven encontrará a Guiwenneth, una muchacha «mitago» dotada de increíble belleza. Perdido en las profundidades del bosque, Steven descubrirá a un gigantesco demonio, a Robin Hood, además de otras criaturas, palacios, tribus y civilizaciones enteras, antes de enfrentarse a su hermano, por el amor de Guiwenneth, en un poblado del Neolítico.

Los "mitagos" son figuras arquetípicas —héroes o monstruos como el Urscumugs— que el inconsciente colectivo de quienes viven cerca del bosque proyecta y materializa en su interior. Guiwenneth, una guerrera celta surgida del bosque, se convierte en el objeto de deseo que enfrentará a los dos hermanos en una rivalidad de resonancias casi míticas. Inmersa en la atmósfera de un thriller lovecraftiano, es una novela única y dotada de una magia indefinible cuyo recuerdo perdura mucho después de haber dejado atrás su última página.

Holdstock reformula la fantasía desde los postulados de Jung. El bosque no es sólo un escenario: es un órgano de la memoria cultural, un lugar donde duermen las versiones más antiguas de nuestros relatos, y leyendas. Esa idea —que los mitos no son invenciones sino sedimentos psíquicos que el paisaje puede devolvernos— está desarrollada con rigor y belleza.  La prosa es muy densa y sensorial. Es de destacar el contraste entre la Inglaterra gris de posguerra y el fulgor mítico del interior del bosque que funciona como metáfora de un país que intenta reconstruirse sin haber digerido sus propias capas de violencia ancestral. También hay que elogiar su estructura:  el uso de los diarios del padre como ventana a una obsesión previa, el juego con el tiempo (cuanto más adentro del bosque, más lentamente transcurre), y la forma en que los arquetipos se corrompen o mutan según la psique del observador.

A pesar de su  indudable calidad y originalidad  literaria el ritmo es desigual: contrata su inicio con una atmósfera casi gótica y el climax final con algunos pasajes intermedios algo más lentos y reiterativos.  Bosque Mitago, no obstante, es una de las pocas novelas de fantasía que amplía de verdad el género en lugar de repetirlo. Su influencia se puede reconocer luego en obras de Neil Gaiman, Charles de Lint, Susanna Clarke, etc. Leerla hoy es asomarse a un bosque que no ha dejado de crecer hacia dentro: más grande, más antiguo y más perturbador a cada página. Recomendable para lectores que gusten de una fantasía adulta, lenta, literaria y profundamente enraizada en la tradición mítica europea.