sábado, 21 de marzo de 2026

La Nave de Isthar. Abraham Merritt

"La nave de Ishtar" es una de las novelas más célebres de Abraham Merritt y, para muchos lectores e historiadores del género, su obra fantástica más lograda. Fue publicada primero como serial en "Argosy All-Story Weekly" entre el 8 de noviembre y el 13 de diciembre de 1924; la edición en libro de 1926 apareció recortada, y el texto completo se restauró en 1949.

El protagonista es John Kenton, un hombre culto, rico y desencantado, además de veterano de la Primera Guerra Mundial. Kenton recibe un bloque de piedra procedente de una excavación arqueológica que él mismo ha financiado. Al abrirlo, descubre en su interior una pequeña nave tallada con una perfección imposible. Ese objeto resulta ser un umbral: la maqueta no representa un barco, sino que es el barco, y Kenton se ve arrastrado a una realidad suspendida entre tiempos y mundos.

La nave pertenece a un universo de resonancias mesopotámicas dominado por la lucha entre dos poderes divinos. Está literalmente escindida en dos mitades: una de marfil, asociada a Ishtar, diosa del amor y la vida, y otra de ébano, asociada a Nergal, dios de la muerte y la destrucción. Cada mitad tiene su sacerdocio, sus fieles, su disciplina y su código moral. En el lado de Ishtar destaca Sharane, figura femenina central; en el de Nergal, el sacerdote Klanath encarna la voluntad sombría del culto rival. La nave navega en una especie de eternidad cerrada. No es un simple escenario, sino un microcosmos metafísico donde se dramatiza una guerra cósmica insoluble: amor contra muerte, luz contra tiniebla, eros contra aniquilación. Kenton se integra poco a poco en ese conflicto, primero como testigo perplejo y luego como actor decisivo. Su relación con Sharane introduce la dimensión amorosa, pero también una tensión de orgullo, rivalidad, atracción y prueba heroica. Uno de los rasgos más originales del libro es que Kenton no abandona del todo su apartamento neoyorquino: el relato funciona parcialmente como una historia de doble presencia o de tránsito entre dos planos.  El desenlace, además, mantiene un componente inquietante y ambiguo, porque el paso entre ambos mundos no se resuelve como una simple escapatoria feliz.

La primera gran influencia de la novela es  la mitología mesopotámica. Merritt toma los nombres y la imaginería de Ishtar y Nergal para construir una fantasía arqueológica y religiosa muy característica de entreguerras: el pasado oriental aparece como depósito de misterio, poder y sensualidad. La novela se mueve entre lo babilónico, lo asirio y lo “antiguo oriental” en un sentido más imaginativo que filológico. Se percibe también con claridad la herencia del romance  arqueológico de H. Rider Haggard, sobre todo en el tratamiento de la mujer sacerdotal, hermosa y peligrosa, y en la fascinación por civilizaciones remotas cargadas de erotismo, fatalidad y grandeza decadente. Ciertas imágenes femeninas de Merritt derivan del modelo de "Ella" de Haggard. Otra influencia señalada por la crítica es Francis Stevens.  Por género, la novela se sitúa en una zona de cruce entre el pulp fantástico, los romances en mundos paralelos (como Una princesa de Marte), y antecedente de la futura espada y brujería. 

Su huella posterior fue considerable. Fue extraordinariamente popular en su momento. "Argosy" llegó a considerarla la historia más popular publicada por la revista en sus primeros cincuenta años, y fuentes posteriores recuerdan que en una encuesta de lectores de 1938 quedó por delante incluso de Tarzan de los Monos Su influencia se puede en encontrar en autores como Robert E. Howard, C. L. Moore, Henry Kuttner, Leigh Brackett y Michael Moorcock; no tanto por calco argumental como por su mezcla de aventura onírica, erotismo mítico, nave liminal y conflicto entre potencias sobrenaturales. 

Desde el punto de vista de la crítica literaria la principal virtud de la novela es su capacidad de encantamiento. Merritt construye una atmósfera muy sensorial, cargada de color, lujo verbal, exotismo y tensión metafísica. La nave partida en marfil y ébano es una de esas grandes imágenes simbólicas que justifican por sí solas la fama del libro: un espacio cerrado, teatral y cósmico a la vez, donde la aventura se vuelve alegoría. La versión española de Valdemar de 1991 que es la que obra en mi poder es, en la práctica, la edición clásica por la que muchos lectores españoles han conocido la novela.


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