Una princesa de Marte: la aventura en estado puro
Publicada originalmente en 1912, Una princesa de Marte tiene la capacidad, cada vez más rara, de trasladar al lector a otro mundo desde las primeras páginas. Burroughs no pretende construir una ciencia ficción rigurosa ni anticipar cómo sería realmente el planeta rojo. Su propósito es mucho más directo y, quizá por eso, más perdurable: hacernos vivir una aventura extraordinaria. El protagonista, John Carter, es un antiguo capitán del ejército confederado que, después de un misterioso episodio en una cueva de Arizona, aparece inexplicablemente en Marte. Allí descubre un planeta al que sus habitantes llaman Barsoom: un mundo antiguo y agonizante, cubierto por desiertos, ciudades abandonadas y civilizaciones enfrentadas. La menor gravedad del planeta le proporciona una fuerza y una agilidad excepcionales, pero no tarda en comprender que sobrevivir dependerá también de su inteligencia, su valor y su capacidad para desenvolverse entre pueblos cuyas costumbres desconoce.
Burroughs despliega ante nosotros un universo desbordante de imaginación. Hay guerreros gigantes de cuatro brazos, criaturas feroces, naves voladoras, duelos, cautiverios, fugas y batallas. Sin embargo, la novela no se limita a encadenar peligros. Uno de sus mayores atractivos se encuentra en el descubrimiento gradual de la sociedad marciana y, especialmente, en la amistad de Carter con Tars Tarkas, personaje que aporta humanidad y hondura emocional a la historia. A ello se suma su encuentro con Dejah Thoris, princesa de Helium, que introduce un componente romántico inseparable del espíritu novelesco de la obra.
El ritmo es ágil, casi cinematográfico. Siempre está ocurriendo algo y cada capítulo parece abrir una puerta hacia un nuevo rincón de Barsoom. La prosa de Burroughs es sencilla y eficaz; no se detiene en largas explicaciones, sino que permite que el planeta vaya cobrando vida a través de la acción. Ese entusiasmo narrativo resulta contagioso. El lector acepta pronto lo improbable y termina recorriendo las llanuras marcianas como si realmente estuviera acompañando a John Carter.
Por supuesto que algunos valores, convenciones y representaciones pertenecen al tiempo en que fue escrita. No obstante, la poderosa imaginación del autor y su extraordinario sentido de la aventura se imponen sobre el paso de los años. Una princesa de Marte es una novela llena de energía,
romanticismo y sentido de la maravilla. Una invitación a dejar atrás
durante unas horas nuestro mundo y contemplar, bajo las lunas de
Barsoom, un horizonte donde todavía parece posible cualquier aventura, por inverosimil que parezca.
Una influencia decisiva en el cine y la cultura popular
Sorprende comprobar cuántos elementos que hoy asociamos con la fantasía y la ciencia ficción modernas ya estaban presentes en las páginas de este libro. Buena parte de la épica espacial posterior tiene alguna deuda, directa o indirecta, con el Marte concebido por Burroughs. La importancia de Una princesa de Marte desborda ampliamente los límites de la literatura. Burroughs contribuyó a establecer buena parte de la gramática de la aventura espacial moderna: el héroe terrestre trasladado a un planeta desconocido, las civilizaciones enfrentadas, las princesas guerreras, los animales gigantescos, las ciudades perdidas y la convivencia entre una tecnología extraordinaria y unos combates resueltos todavía con espadas. La serie marciana de Burroughs ha inspirado cantidad de manifestaciones artísticas en el campo del cine, la literatura o el comic. La influencia de esta serie en otros autores de ciencia ficción posteriores así como en el cine contemporáneo de género es evidente. Muchas de las obras de Jack Vance, Edmon Hamilton, Catherine L. Moore o Leigh Brackett tienen claras influencias cuando no son herederas del espíritu de maravilla y aventura fantástica de la serie de Marte. Leigh Brackett escribiría décadas más tarde una novela que es todo un homenaje a "Una princesa de Marte", "La espada de Rhiannon", que comenté en este blog hace varios meses. La larguísima serie de Gor, cuyo autor es John Norman guarda grandes similitudes con la serie marciana de Burroughs, si bien carga mucho más las tintas en el erotismo que en la fantasía o en la sci-fi.
Su huella puede rastrearse también en los seriales de Buck Rogers y Flash Gordon y, a través de ellos, en gran parte del cine fantástico posterior. La figura de John Carter también dejó su rastro en el mundo de los superhéroes. Su fuerza y sus grandes saltos se explicaban por la menor gravedad de Marte, una idea que reaparecería en las primeras historias de Superman para justificar sus poderes en la Tierra. Del mismo modo, el personaje anticipó al aventurero espacial que llegaría después al cómic, las revistas populares, la televisión, los juegos y el cine. Las aventuras de Barsoom fueron adaptadas a tiras de prensa y publicadas posteriormente por editoriales como Dell, DC y Marvel, manteniendo vivos a John Carter, Dejah Thoris y Tars Tarkas para varias generaciones de lectores.
La influencia de Burroughs alcanzó incluso a científicos y divulgadores. Carl Sagan leyó con entusiasmo durante su juventud las novelas de Barsoom, que alimentaron su fascinación por Marte y por la posibilidad de explorar otros mundos. Por todo ello, Una princesa de Marte no debe verse solamente como una entretenida novela de aventuras. Es también uno de los grandes manantiales de la cultura fantástica contemporánea. Tal vez su título no sea hoy tan popular como Star Wars, Superman o Avatar, pero una parte del camino que condujo hasta esas creaciones comenzó mucho antes, bajo las dos lunas de Barsoom.
La novela vs la película (Reseña publicada inicialmente en mi blog "Fringemanía")
La película no es mala. Es entretenida; tiene unos buenos efectos especiales, costó más de 250 millones de dólares, que no ha recuperado-, pero es como un gran artefacto pirotécnico vacío, no transmite, ni emociona. ¿Qué falla?: casi todo, pero no hasta el punto de naufragar, la dirección de actores brilla por su ausencia, el actor protagonista no tiene el carisma necesario para interpretar este papel, el ritmo del relato fílmico avanza a trompicones, pero sobre todo y esto es para mi lo más importante es una película absolutamente lastrada por el estilo excesivamente blanco de Disney, que ha eliminado el tono adulto del original literario. En resumen, es una correcta película de aventuras que creo no defraudará a quien no haya leído la novela original, y por lo tanto no tenía grandes expectativas en ella. Los demás, los buenos aficionados esperamos con ansia una adaptación cinematográfica que recoja mejor el espíritu del original.


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