miércoles, 5 de agosto de 2026

Una princesa de Marte. Edgar R. Burroughs

Hace casi cuarenta años que leí esta novela, en la edición de Laertes, cuya portada  reproduzco junto a la reseña  y me dejo un grato recuerdo. Dos años antes, en 1985,  había descubierto el terror cósmico de la mano de Howard Philips Lovecraft y con esta obra descubrí el apasionante mundo de la heroic-fantasy de ciencia-ficción que me acompañaría, no voy a esconderlo,  durante décadas. 

Una princesa de Marte: la aventura en estado puro

Publicada originalmente en 1912, Una princesa de Marte tiene la capacidad, cada vez más rara, de trasladar al lector a otro mundo desde las primeras páginas. Burroughs no pretende construir una ciencia ficción rigurosa ni anticipar cómo sería realmente el planeta rojo. Su  propósito es mucho más directo y, quizá por eso, más perdurable: hacernos vivir una aventura extraordinaria. El protagonista, John Carter, es un antiguo capitán del ejército confederado que, después de un misterioso episodio en una cueva de Arizona, aparece inexplicablemente en Marte. Allí descubre un planeta al que sus habitantes llaman Barsoom: un mundo antiguo y agonizante, cubierto por desiertos, ciudades abandonadas y civilizaciones enfrentadas. La menor gravedad del planeta le proporciona una fuerza y una agilidad excepcionales, pero no tarda en comprender que sobrevivir dependerá también de su inteligencia, su valor y su capacidad para desenvolverse entre pueblos cuyas costumbres desconoce.

Burroughs despliega ante nosotros un universo desbordante de imaginación. Hay guerreros gigantes de cuatro brazos, criaturas feroces, naves voladoras, duelos, cautiverios, fugas y batallas. Sin embargo, la novela no se limita a encadenar peligros. Uno de sus mayores atractivos se encuentra en el descubrimiento gradual de la sociedad marciana y, especialmente, en la amistad de Carter con Tars Tarkas, personaje que aporta humanidad y hondura emocional a la historia. A ello se suma su encuentro con Dejah Thoris, princesa de Helium, que introduce un componente romántico inseparable del espíritu novelesco de la obra.

El ritmo es ágil, casi cinematográfico. Siempre está ocurriendo algo y cada capítulo parece abrir una puerta hacia un nuevo rincón de Barsoom. La prosa de Burroughs es sencilla y eficaz; no se detiene en largas explicaciones, sino que permite que el planeta vaya cobrando vida a través de la acción. Ese entusiasmo narrativo resulta contagioso. El lector acepta pronto lo improbable y termina recorriendo las llanuras marcianas como si realmente estuviera acompañando a John Carter.

Por supuesto que  algunos valores, convenciones y representaciones pertenecen al tiempo en que fue escrita. No obstante, la poderosa imaginación del autor y su extraordinario sentido de la aventura se imponen sobre el paso de los años. Una princesa de Marte es una novela llena de energía, romanticismo y sentido de la maravilla. Una invitación a dejar atrás durante unas horas nuestro mundo y contemplar, bajo las lunas de Barsoom, un horizonte donde todavía parece posible cualquier aventura, por inverosimil que parezca.

Una influencia decisiva en el cine y la cultura popular

Sorprende comprobar cuántos elementos que hoy asociamos con la fantasía y la ciencia ficción modernas ya estaban presentes en las páginas de este libro. Buena parte de la épica espacial posterior tiene alguna deuda, directa o indirecta, con el Marte concebido por Burroughs. La importancia de Una princesa de Marte desborda ampliamente los límites de la literatura. Burroughs contribuyó a establecer buena parte de la gramática de la aventura espacial moderna: el héroe terrestre trasladado a un planeta desconocido, las civilizaciones enfrentadas, las princesas guerreras, los animales gigantescos, las ciudades perdidas y la convivencia entre una tecnología extraordinaria y unos combates resueltos todavía con espadas. La serie marciana de Burroughs ha inspirado cantidad de manifestaciones artísticas en el campo del cine, la literatura o el comic. La influencia de esta serie en otros autores de ciencia ficción posteriores así como en el cine contemporáneo de género es evidente. Muchas de las obras de Jack Vance, Edmon Hamilton, Catherine L. Moore o Leigh Brackett tienen claras influencias cuando no son herederas del espíritu de maravilla y aventura fantástica de la serie de Marte. Leigh Brackett escribiría décadas más tarde una novela que es todo un homenaje a "Una princesa de Marte", "La espada de Rhiannon", que comenté en este blog hace varios meses. La larguísima serie de Gor, cuyo autor es John Norman guarda grandes similitudes con la serie marciana de Burroughs, si bien carga mucho más las tintas en el erotismo que en la fantasía o en la sci-fi.

Por otro lado y por lo que se refiere al cine, toda la rica imaginería del mundo "Star Wars" de George Lucas le debe mucho a Burroughs. George Lucas reconoció que, al no poder obtener los derechos de Flash Gordon, investigó los orígenes de aquel tipo de aventura y llegó hasta las novelas marcianas de Burroughs. En una de las primeras presentaciones de su proyecto describió Star Wars como una historia situada en la tradición de John Carter de Marte y Flash Gordon. Por cierto, curiosamente  Leigh Brackett colaboraría en los años 70 con Lucas como una de las principales guionistas de "El imperio contraataca". La influencia resulta aún más clara en Avatar. James Cameron reconoció expresamente que quiso realizar una aventura siguiendo el modelo de Edgar Rice Burroughs: un soldado que abandona su mundo, adquiere capacidades extraordinarias en otro planeta, conoce una civilización que al principio le resulta incomprensible y termina tomando partido por ella. Jake Sully es un personaje muy distinto de John Carter, pero el impulso narrativo que los mueve procede de una fuente semejante. También podemos ver bastantes similitudes entre los zarkanos de Barsoom y los Na´vi de "Avatar".

Su huella puede rastrearse también en los seriales de Buck Rogers y Flash Gordon y, a través de ellos, en gran parte del cine fantástico posterior.  La figura de John Carter también dejó su rastro en el mundo de los superhéroes. Su fuerza y sus grandes saltos se explicaban por la menor gravedad de Marte, una idea que reaparecería en las primeras historias de Superman para justificar sus poderes en la Tierra. Del mismo modo, el personaje anticipó al aventurero espacial que llegaría después al cómic, las revistas populares, la televisión, los juegos y el cine. Las aventuras de Barsoom fueron adaptadas a tiras de prensa y publicadas posteriormente por editoriales como Dell, DC y Marvel, manteniendo vivos a John Carter, Dejah Thoris y Tars Tarkas para varias generaciones de lectores.

La influencia de Burroughs alcanzó incluso a científicos y divulgadores. Carl Sagan leyó con entusiasmo durante su juventud las novelas de Barsoom, que alimentaron su fascinación por Marte y por la posibilidad de explorar otros mundos.  Por todo ello, Una princesa de Marte no debe verse solamente como una entretenida novela de aventuras. Es también uno de los grandes manantiales de la cultura fantástica contemporánea. Tal vez su título no sea hoy tan popular como Star Wars, Superman o Avatar, pero una parte del camino que condujo hasta esas creaciones comenzó mucho antes, bajo las dos lunas de Barsoom.

La novela vs la película (Reseña publicada inicialmente en mi blog  "Fringemanía")

Quienes hemos leído y disfrutado hace años con la lectura de "Una princesa de Marte" (1912), una novela de aventuras que podríamos decir que inaugura el genero de "capa y espada intergaláctico" o "the heroic-fantasy of science-fiction", no podemos por menos de sentir cierta decepción al ver la película John Carter. La novela fue la primera de las 11 que el escritor Edgar Rice Burroughs, -conocido mundialmente por su serie sobre Tarzán-, escribió ambientadas en Marte (Barsoom). Luego vendrían otras obras ambientadas en Venus o en el interior de la Tierra. La película presenta abundantes diferencias con el libro, en quien se basa, tanto de forma como de fondo. La película de Disney, como no podía ser de otro modo, suaviza un tanto el soterrado erotismo que destila la novela y en general la serie y que aparecerá en otras muchas novelas de fantasía heroica y algunas space operas de la época pulp. La película tampoco transmite la frescura de la novela ni se percibe la sensación de estar descubriendo el mundo maravilloso que transmite Burroughs en su obra.

Recordemos el argumento de la novela y algunas diferencias con la película: "John Carter es teletransportado al planeta Marte. Allá será hecho prisionero por los zarkanos, una raza cruel, horrible, sin sentimientos, donde se hará acreedor a su respeto y admiración. Será ayudado por la zarkana Sola y por el inseparable perro guardián marciano Vula, conocerá y se enamorará de la princesa Dejah Thoris, experimentando infinidad de aventuras y librando mil batallas hasta que finalmente consigue sus propósitos, sin embargo cuando todo parece aventurar un final feliz...es devuelto a la Tierra". 
 
En lo básico la película se inspira en la novela, pero la película se permite ciertas licencias respecto de la obra literaria: En la película John Carter es teletransportado por un dispositivo de los thern, raza que no existe en la novela, ni tampoco el citado dispositivo. Las naves marcianas son impulsadas por energía solar, mientras en la novela son impulsadas por el viento. En la película se alude a la diosa de la que los thern son sus enviados mientras que en la novela no hay referencia a dioses marcianos, etc. El romance en la novela es crucial y actúa de motor de buena parte de las acciones del protagonista, mientras que en la película el romance es secundario y aparece tardíamente. De hecho Dejah Thoris aparece bien avanzada la película y su presencia es intermitente. Algunos comportamientos del protagonista de la novela han sido convenientemente suprimidos o suavizados en la película porque serían calificados de políticamente incorrectos en el mundo en que vivimos.
 
La novela tuvo una curiosa relación con el cine desde fechas muy tempranas. En los años treinta, el animador Bob Clampett preparó unas pruebas para llevar las aventuras de John Carter a la pantalla en forma de largometraje animado. El proyecto no llegó a realizarse, pero demuestra hasta qué punto el mundo visual de Barsoom parecía concebido para el movimiento, el color y el espectáculo. Décadas después apareció una adaptación de bajo presupuesto titulada Princess of Mars.
 
La recepción comercial de John Carter de Disney ha sido decepcionante y encierra una paradoja reveladora: muchos espectadores han considerado que sus criaturas, batallas y escenarios recordaban demasiado a otras sagas cinematográficas, cuando, en realidad, la novela original se publicó  hace un siglo y había contribuido a inspirar esas sagas. Para cuando John Carter llegó finalmente a la gran pantalla, buena parte de sus descendientes audiovisuales ya habían conquistado el imaginario colectivo, convirtiéndose ellos en referentes. John Carter no copia a Avatar  ni a Star Wars, sino más bien al contrario, estas películas tienen claras influencias de Una princesa de Marte de la que esta película no es más que una mediocre adaptación. Y es que salvo honrosas excepciones, -"El Señor de los Anillos" puede ser una de ellas, "Blade Runner" o "El planeta de los simios", otras-,  los lectores solemos salir defraudados de la inmensa mayoría de las películas que se basan en las novelas o relatos que hemos leído. Por lo general nuestra imaginación está muy por encima de las plasmaciones cinematográficas posteriores.

La película no es mala. Es entretenida; tiene unos buenos efectos especiales, costó más de 250 millones de dólares, que no ha recuperado-, pero es como un gran artefacto pirotécnico vacío, no transmite, ni emociona. ¿Qué falla?: casi todo, pero no hasta el punto de naufragar, la dirección de actores brilla por su ausencia, el actor protagonista no tiene el carisma necesario para interpretar este papel, el ritmo del relato fílmico avanza a trompicones, pero sobre todo y esto es para mi lo más importante es una película absolutamente lastrada por el estilo excesivamente blanco de Disney, que ha eliminado el tono adulto del original literario. En resumen, es una correcta película de aventuras que creo no defraudará a quien no haya leído la novela original, y por lo tanto no tenía grandes expectativas en ella. Los demás, los buenos aficionados esperamos con ansia una adaptación cinematográfica que recoja mejor el espíritu del original.

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