Entretenida "time opera" del escritor de "best sellers" Dean R. Koontz, no exenta de algunos defectos. Publicada originalmente en 1988, -la leí en la edición de bolsillo de Plaza y Janes-, la novela parte de una interesante premisa: Laura Shane nace en 1955, durante una tormenta excepcional, y desde ese instante su vida queda vinculada a la aparición de un misterioso desconocido que parece surgir de la nada cada vez que la tragedia se acerca a su vida. Su vida está marcada por pérdidas, amenazas y accidentes que no parecen casuales de los que se libra gracias a su valor y a la casi milagrosa intervención del citado desconocido. Esa idea inicial, cargada de misterio y fatalidad, permite a Koontz desplegar una historia que mezcla suspense, ciencia ficción, aventura romántica y thriller histórico. En un instituto científico secreto de la Alemania nazi se hacen asombrosos experimentos con el control del tiempo, viajando al pasado y al futuro. En uno de esos viajes, un científico llamado Stefan conoce a Laura. el terror y al muerte perseguirán a ambos.
Koontz maneja bien esa atmósfera de amenaza constante, casi sobrenatural, y consigue que el lector avance con curiosidad. La pregunta que late debajo de la trama es sencilla y enorme: si alguien pudiera cambiar los momentos decisivos de una vida, ¿seguiría siendo esa vida la misma? Koontz convierte esa cuestión en motor narrativo, pero también en dilema moral. Salvar a alguien no siempre significa liberarlo del dolor; a veces implica trasladar el peso de la tragedia a otro lugar.
Hay escenas de peligro, persecuciones, revelaciones dosificadas y un sentido muy cinematográfico del ritmo. Koontz tiende a subrayar demasiado las
emociones, a forzar ciertos golpes dramáticos y a construir personajes
que, en ocasiones, parecen más al servicio de la trama que de una
verdadera complejidad psicológica. La novela gana cuando se mueve en
el terreno de la intriga y pierde algo de fuerza cuando intenta cargar
cada escena de trascendencia emocional. No es una novela perfecta, sutil ni pretende serlo, puede resultar exagerada, incluso ingenua
en algunos tramos, pero también posee ese tipo de impulso narrativo que
hace difícil abandonarla. Una novela imperfecta, irregular por
momentos, pero con una premisa potente y un ritmo suficientemente eficaz
como para mantener vivo el interés hasta el final.

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